viernes, 9 de diciembre de 2011

La calle Ancha de Cádiz

Aprovechando mi día libre en el curso, he pasado media mañana en el casco histórico de Cádiz, con algún que otro papeleo que hacer en la siempre querida Universidad. Además tenía alguna cuenta que cuadrar en el banco de la calle Ancha donde realicé las prácticas durante la carrera. Aprovechando que todo quedaba en el centro, tuve la siempre socorrida escusa para darme un garbeo por la tacita de plata, ese parque temático al aire libre de la historia, donde algunas casas y fachadas aún parecen conservar el esplendor que tuvieran antaño.

No es muy largo el paseo desde la calle Benito Pérez Galdós, donde fui a hacer los trámites, a la calle Ancha. Pero en ese breve espacio físico y temporal a uno le da tiempo recrearse en las pequeñas cosas que hacen que tengas la sensación de que tu ciudad sea un rincón especial en el mundo, con sus virtudes y sus muchos defectos.
La soledad del paseante ayuda a asimilar ciertos recuerdos, ápices de nostalgia escondidas debajo de cualquier adoquín o detrás de cada esquina, entre los macetones de las terrazas o los buzones de las casapuertas gaditanas.

Uno anda cavilando en la injusticia de la historia que, como la vida misma, remueve todo lo que parece indeleble y transforma el esplendor y la juventud en oscuridad y quebranto. Y entre estas cavilaciones vino el nombre de escritor de aquella calle desde la que me trajeron mis pasos, Benito Pérez Galdós, y aquel destino, calle Ancha. Y, para compartir con ustedes, transcribo un trocito del episodio nacional "Cádiz" de Pérez Galdós, en el que se habla de la calle Ancha como el Wall Street de la época. PD: Otro día hablaré sobre lo fascinante que me parecen las palacios que pueblan la calle, que a veces pasan desapercibido entre tanto escaparate.



Desde tal día, el servicio en la Cortadura y en Matagorda me entretuvo algún tiempo, y no me fueron posibles aquellas visitas, ya tristísimas, ya alegres, que hacía a Cádiz; pero al fin, como el asedio no era penoso, disfruté de algún vagar, y un día púseme en camino de la calle Ancha, con intento de resolver allí qué dirección tomar.
En tiempos normales era la calle Ancha el sitio donde se reunía la caterva de mentirosos, desocupados, noveleros y toda la gente curiosa, alegre y holgazana. Allí iban también de paseo a la hora de medio día en invierno y por las tardes en verano, las damas a la moda y los petimetres, abates y enamorados, ocurriendo con esto mil lances y escenas de que nos ha dejado retrato muy vivo don Juan del Castillo en sus sainetes urbanos, no menos graciosos y verdaderos que los populares y consagrados a la majeza.
Pero en 1811, y después que las Cortes se trasladaron a Cádiz, la calle Ancha, además de un paseo público, era, si se me permite el símil, el corazón de España. Allí se conocían, antes que en ninguna parte, los sucesos de la guerra, las batallas ganadas o perdidas, los proyectos legislativos, los decretos del gobierno legítimo y las disposiciones del intruso, la política toda, desde la más grande a la más menuda, y lo que después se ha llamado chismes políticos, marejada política, mar de fondo y cabildeos. Conocíanse asimismo los cambios de empleados y el movimiento de aquella administración que, con su enorme balumba de consejos, secretarías, contadurías, real sello, real estampilla, renovación de vales, medios, arbitrios, etc., se refugió en Cádiz después de la invasión de las Andalucías. Cádiz reventaba de oficinas y estaba atestada de legajos.

Además, la calle Ancha obtenía la primacía en la edición y propaganda de los diferentes impresos y manuscritos con que entonces se apacentaba la opinión pública; y lo mismo las rencillas de los literatos que las discordias de los políticos, lo mismo los epigramas que las diatribas, que los vejámenes, que las caricaturas, allí salieron por primera vez a la copiosa luz de la publicidad. En la calle Ancha se recitaban, pasando de boca en boca, los malignos versos de Arriaza, y las biliosas filípicas de Capmany contra Quintana. […]




[…] En la calle Ancha, en suma, se congregaba todo el patriotismo con todo el fanatismo de los tiempos; allí, la inocencia de aquella edad; allí, su bullicioso deseo de novedades; allí, la voluble petulancia española con el heroico espíritu, la franqueza, el donaire, la fanfarronada, y también la virtud modesta y callada. Tenía la calle Ancha mucho de lo que llamamos salón de conferencias, de lo que hoy llamamos Bolsa, Bolsín, Ateneo, Círculo, Tertulia, y era también un club.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Desplante a la Constitución


Hace poco comentaba lo injusta y desproporcionada que me parece la ley electoral. Esa norma que deja fuera de las instituciones a personas en las que millones de ciudadanos han depositado su confianza. En favor de otras personas que, cuyo desprecio a las instituciones e incluso a las libertades, desmerecen totalmente el calificativo de representantes o políticos, en el sentido más amplio del término.
Hablaba también de esta nuestra constitución, norma y marco común en el que se recogen los derechos, deberes y libertades de todos los españoles.
Esta constitución, a la que algunos apelan cuando más les conviene, habla de España como esa patria única e indivisible de todos los españoles. De TODOS los españoles...Los del Norte, los del Sur, Este, Oeste, centro, centro-sur, nor-nordeste e.t.c.

Pero ayer, en un día tan festivo como el del aniversario de nuestra carta magna, ciertos representantes de una parte importante de españoles se ausentaron, tal y como vienen haciendo por costumbre. Estos amigos del desplante, del desprecio a las instituciones y a esta norma que representa lo que somos como nación, acudirán al parlamento cuando tengan que ir a recoger sus nóminas, cuando vayan a pillar el maravilloso i-pad o cuando hordas de fotógrafo se agolpen en las tribunas para inmortalizar ciertos momentos importantes.
A PNV, Esquerra Republicana, Iniciativa per Catalunya, el Bloque Nacionalista Gallego,Geroa Bai y a CiU no les ha dado la gana ir, están mejor en sus casas, al calor del hogar, mientras narran a sus hijos, nietos o sobrinos historietas de aventuras y héroes.
Historias como la de aquel Harry Gudari, mago vasco educado en la Ikastola-howards, que mediante su varita y sus conjuros, que los tienen bien gordos, luchará contra el malvado Bordemor, hermano de Condemor, una pareja de Guardias civiles españoles dispuesto a quitar la libertad del pueblo vasco con la ayuda de ese libro de hechizos llamado Constitución.

A los de CiU no les habrá cuadrado los horarios. Si asistían al Congreso seguramente no hubieran llegado a tiempo al palco del Camp Nou para ver el partido de Champions, y eso que hubieran ido en el coche oficial. Lo que verdaderamente lamenta Durán y Lleida es no haber podido disfrutar una noche más de su suite presidencial del Ritz.

En total, dos millones y poco más de españoles se quedaron sin representación (mediante los partidos a los que votaron) en el acto del aniversario de la constitución. Hay que recordar que ha sido por iniciativa propia de estos grupos, para seguir la costumbre de su pataleta continua hacia todo lo que huela a español. Digo, ha sido por iniciativa propia, muy lejos queda, comparativamente, la no representación en el parlamento de millones de ciudadanos que han visto como su voto ha sido tirado a la basura por esta ley electoral.

Tiene bemoles, que se les de una oportunidad para un acto en común, sin confrontaciones, y estos los rechacen. Personas que no creen en las instituciones, pero participan en ellas para buscar la crispación, caldo de cultivo para que sigan chupando de la teta.
En fin, solo queda la esperanza de que algún piltrafa aprenda de nuestros deportistas, por ejemplo. Aquí una muestra de que catalanes, andaluces, madrileños, vascos, canarios...pueden trabajar juntos por un objetivo común: