Día nuevo, vida nueva. Nadie dijo que fuera fácil, chaval. Te levantas, y tras aliviar la vejiga te aseas en el lavabo, te lavas la cara y te quedas mirando a aquel joven que te devuelve la mirada tras el espejo... Confías en él, llevais toda una vida juntos, inseparables, superando retos, esquivando obstáculos, sobreviviendo a tempestades. Sabes que nunca ha flaqueado, ahí ha estado siempre, en la lucha, en la calma. Aliento incansable, pepito grillo en los errores, sostén en el fracaso...
Lo miras a los ojos y te dice "Aquí estoy", y se queda tan pancho el tío... COnfiado, "vamos a echarle huevos","nadie dijo que fuera fácil"... Sigue allí impasible, y no se moverá hasta que tú no lo hagas. Una sutil mueca perfila sus labios, una irónica sonrisa..."Balas a mí..." parece decir...Y en las mañanas de hastío, de hartazgo, no te queda otra que confiar en aquella sonrisa, que coincide con la tuya... Toda una vida viéndola, envejeciendo contigo,en el estudio, en el trabajo... Sabes que vale, él sabe que tú vales, que nunca caminareis solo, os teneis el uno al otro, a pesar de la soledad.
Y, cómplices, os preguntáis qué cojones se cree el mundo para deciros que no valeis, qué teneis que demostrar para que os den una oportunidad en este mundo de charco y ceniza...En el que donde otros ven desánimo, ustedes veis fuerza y oportunidades para crecer. Donde otros se caen, ustedes levantais las rodillas y embestís el futuro como si de un molino de viento se tratase. Quijotes de ciudad, románticos de la vida, nadie tiene huevo de deciros que no valeis, porque mentirían como bellacos. Porque aquellos que lo dicen, ratas de despacho, ni se creen sus palabras, porque no han sido testigo de vuestro caminar, no han pisado las mismas huellas, la arena de sus ojos les ha impedido ver vuestra cabalgata incesante por desiertos, selvas, ciudades y ríos, solo con vuestro caballo y una bolsa con cuatro duros...
Allí está, tu reflejo está indignado, como tú, como yo... Pero esa juventud que atesorais encierra esa fuerza natural, invencible como una tempestad, incesante como el levante: dignidad, orgullo, honor, patriotismo...Valores que llevais con la cabeza bien alta, con dos cojones, por bandera, sin que nadie pueda arrebatárosla.
Seguid así, no apagues la luz de la vida, aliméntala con aquella sombra que te acompaña, solo ella te hará fuerte.
lunes, 30 de mayo de 2011
jueves, 26 de mayo de 2011
Esos que dicen ser de izquierdas
Buscando por nuestra prolífera red de redes el siginicado de la palabra "izquierda" o de la expresión "ser de izquierdas" , me encontré con esta definición que nos facilita nuestra queridísima y concurrida Wikipedia:
"El concepto de izquierda política se refiere a un segmento del espectro político que considera prioritario el progresismo y la consecución de la igualdad social por medio de los derechos colectivos (sociales) circunstancialmente denominados derechos civiles, frente a intereses netamente individuales (privados) y a una visión tradicional de la sociedad, representados por la derecha política. En general, tiende a defender una sociedad aconfesional o laica, progresista, igualitaria e intercultural. En función del equilibrio entre todos estos factores, la izquierda política se divide en multitud de ramas ideológicas."
Cierto es que existen diferentes ramas dentro de la izquierda, lo que no dice esta definición es que, al igual que en otros aspectos de la vida, dentro de estas ramas podemos encontrar a ciertos individuos que campan a sus anchas, sin poder diferenciarse con su comportamiento de qué ideología proceden. De los que dicen luchar por unos ideales progresistas, de los que lucen chapas al sol con consignas igualitarias, de respeto, de libertad... Y luego hacen que con sus actuaciones, esas ilusorias proclamas se queden en eso, proclamas de boquilla, brindis a sol y golpecitos en el pecho. Esos que se manifiestan hoy en día pidiendo una sociedad más justa, donde prime el respeto al prójimo, donde las reglas del juego de la vida sean limpias, sin zancadillas, sin codazos, son los mismos que actúan como esos gigantes que intentan derribar...Esa rama de la que hablo bien podría llamarse la rama de los hipócritas o la izquierda hipócrita, o la izquierda de boquilla.
Alguien debería decirlea algo a esos chavales (o chavales) presuponiendo que sean jóvenes. Alguna mamá cauta debería darle en el culito y decirle "eso no se hace, caca, malo". O incluso alguien debería volver a matricularlos en primaria de nuevo, y comenzar otra vez el periodo educativo, ya que algo ha fallado, algo ha ido mal durante sus respectivas vidas para que a estas alturas vayan por la vida henchidos de ignorancia.. Quizás después de esto, pensarían mejor qué pueden aportar a la sociedad antes de afiliarse a ciertos partidos que dicen defender faltando al respeto mediante actitudes más propias de ciertas ideologías situadas al otro extremo. Me parece lamentable que exista este tipo de gente defendiendo algo en lo que no creen, o al menos no actuan como tal.
Como ejemplo pongo el tapar carteles de otras formaciones políticas, tan respetables como la propia, como si no hubiera sitio para expresarte sin callar la voz del digno rival político. Aquí una fotografía tomada, donde alguien de esta formación, que insisto defiende ideales igualitarios, de libertad y tal, colocó, justo encima de un pequeño cartel de UPyD el suyo propio, como así hiciera Izquierda Unida anteriormente. Como así hiciera también PP y Psoe. Parece que algunos aprenden de los mayores...
Esto pasa en todos los partidos, con más descaro en algunas situaciones que en otras. Ya lo comenté con izquierda unida y ayer, pude comprobar lo propio con otro partido que dice ser de izquierdas: Izquierda Anticapitalista.

Lo visto en esta foto es solo una pequeña muestra, a ambos lados de la caja de luz donde se pegó carteles de UPyD, pudimos ver como dos pequeños carteles de "Izquierda Anticapitalista" cubrían cada uno de nuestros carteles, dos carteles por cada cartel de UPyD. Esto es mala leche y lo demás es tontería.
Individualmente o no, con alevosía o sin ella, este tipo de actitudes demuestra que el juego sucio, con ensañamiento, típica de actitudes totalitarias no deben de existir en una formación política que propugna ciertos valores. Por eso, desde aquí, mi denuncia pública a todo el que lo lea, por pocos que sean.
"El concepto de izquierda política se refiere a un segmento del espectro político que considera prioritario el progresismo y la consecución de la igualdad social por medio de los derechos colectivos (sociales) circunstancialmente denominados derechos civiles, frente a intereses netamente individuales (privados) y a una visión tradicional de la sociedad, representados por la derecha política. En general, tiende a defender una sociedad aconfesional o laica, progresista, igualitaria e intercultural. En función del equilibrio entre todos estos factores, la izquierda política se divide en multitud de ramas ideológicas."
Cierto es que existen diferentes ramas dentro de la izquierda, lo que no dice esta definición es que, al igual que en otros aspectos de la vida, dentro de estas ramas podemos encontrar a ciertos individuos que campan a sus anchas, sin poder diferenciarse con su comportamiento de qué ideología proceden. De los que dicen luchar por unos ideales progresistas, de los que lucen chapas al sol con consignas igualitarias, de respeto, de libertad... Y luego hacen que con sus actuaciones, esas ilusorias proclamas se queden en eso, proclamas de boquilla, brindis a sol y golpecitos en el pecho. Esos que se manifiestan hoy en día pidiendo una sociedad más justa, donde prime el respeto al prójimo, donde las reglas del juego de la vida sean limpias, sin zancadillas, sin codazos, son los mismos que actúan como esos gigantes que intentan derribar...Esa rama de la que hablo bien podría llamarse la rama de los hipócritas o la izquierda hipócrita, o la izquierda de boquilla.
Alguien debería decirlea algo a esos chavales (o chavales) presuponiendo que sean jóvenes. Alguna mamá cauta debería darle en el culito y decirle "eso no se hace, caca, malo". O incluso alguien debería volver a matricularlos en primaria de nuevo, y comenzar otra vez el periodo educativo, ya que algo ha fallado, algo ha ido mal durante sus respectivas vidas para que a estas alturas vayan por la vida henchidos de ignorancia.. Quizás después de esto, pensarían mejor qué pueden aportar a la sociedad antes de afiliarse a ciertos partidos que dicen defender faltando al respeto mediante actitudes más propias de ciertas ideologías situadas al otro extremo. Me parece lamentable que exista este tipo de gente defendiendo algo en lo que no creen, o al menos no actuan como tal.
Como ejemplo pongo el tapar carteles de otras formaciones políticas, tan respetables como la propia, como si no hubiera sitio para expresarte sin callar la voz del digno rival político. Aquí una fotografía tomada, donde alguien de esta formación, que insisto defiende ideales igualitarios, de libertad y tal, colocó, justo encima de un pequeño cartel de UPyD el suyo propio, como así hiciera Izquierda Unida anteriormente. Como así hiciera también PP y Psoe. Parece que algunos aprenden de los mayores...
Esto pasa en todos los partidos, con más descaro en algunas situaciones que en otras. Ya lo comenté con izquierda unida y ayer, pude comprobar lo propio con otro partido que dice ser de izquierdas: Izquierda Anticapitalista.

Lo visto en esta foto es solo una pequeña muestra, a ambos lados de la caja de luz donde se pegó carteles de UPyD, pudimos ver como dos pequeños carteles de "Izquierda Anticapitalista" cubrían cada uno de nuestros carteles, dos carteles por cada cartel de UPyD. Esto es mala leche y lo demás es tontería.
Individualmente o no, con alevosía o sin ella, este tipo de actitudes demuestra que el juego sucio, con ensañamiento, típica de actitudes totalitarias no deben de existir en una formación política que propugna ciertos valores. Por eso, desde aquí, mi denuncia pública a todo el que lo lea, por pocos que sean.
miércoles, 25 de mayo de 2011
La ciudad y los perros
Pues nada, ya ha pasado la resaca electoral en la que he decidido no escribir nada, no por otra cosa, sino porque uno se puede calentar más que el cenicero de Garci... Ahora me veo con la suficiente distancia como para preguntarme una serie de circunstancias que han acaecido, y que seguirán pasando a no ser que cambiemos esta actitud tan hispana que gastamos. Pero es que...¡Leches!...Ahora que empiezo a escribir vuelvo a calentarme, en el sentido más estomacal del término, y no en otro.
Lo que es triste es que estas cuestiones que me planteo ya me las veía venir; pero , aún así, me siguen repateando el hígado cada vez que se me vienen a la cabeza y quizás algún día me acostumbre a esos fantasmas (nunca mejor dicho) que merodean por mi cabeza, ese día dejará de circular sangre por mi cuerpo. Esos fantasmas son los de la desidia, la ignorancia, la maldad, la hipocresía... Incluso está el fantasma "chupaculos" que tanto se ven en política y que afloran en los mítines y en los repartos callejeros, entre otros lugares.
Verbigracia, el otro día me hallaba caminando tan alegremente por la calle, camino de la biblioteca pública de Trille. En estas, me topo con un cartel, puesto en un cajón gris que regula el alumbrado (o lo que sea, algo de eso, perdonen mi ignorancia). Iba pensando. "Ay Terrada que hermosura de cartel...¿Que carajo es esto Dios mío de mi alma?"... Tras hartarme de ver a nuestra querida y omnipresente alcaldesa, premio photoshop del año(que posó tras ser restaurada por el mismo equipo que restauró la momia de Tutankamon) ,ver a la Meléndez que, vestida de gótica, posaba alegre desde dentro de una cabina de teléfonos, me topo con Terrada, que desde su alter ego en 2D me sonríe y me dice: "Vota a la izquierda, chaval, que somos topeguays. Vamos a dejarnos de bipartidismos que eso es mu chungo y muy poco de izquierdas y tal"... Lo que no me dijo el señor Terrada es cómo se puede combatir al bipartidismo pactando con derecha(PSOE) o más derecha(PP) según convenga. Esa es una de las preguntas que me hice por el camino, creo que me voy a quedar sin respuestas...
Otra de las preguntas es cómo puede uno estar orgulloso de ser de izquierda, con todo lo que ello conlleva, y jugar tan suciamente en campaña, tapándo los carteles de UPyD, como así hicieran los grandes... Segunda pregunta...
Y aquí no acabó mi particular autorueda de prensa. Como tambien hiciera el tambien omnipresente Mourinho (Mou 5 estrellas para los amigos), me fuí cuestionando una serie de hechos, que lanzaba al aire, quedándome con las ganas de preguntar a la gente que por mi lado pasaba o se cruzaba:
¿Por qué la gente sigue apoyando una opción de gobierno que toma por tontos a los gaditanos?
¿Por qué apoya a una oposición rancia, sin ideas, sin responsabilidad?
¿Por qué los partidos mayoritarios vetan a otras opciones políticas?
¿Por qué ancianos, con serias dificultades para desplazarse, acuden a votar y los jóvenes sin embargo no?
¿Por qué seguimos empecinados en votar solo dos opciones?
¿Cómo de mal tiene que hacerlo un partido para que la sociedad deje de apoyarlo?
¿Cuántas empresas tienen que cerrar, cuántos jóvenes tienen que irse, cuántas deudas nos tienen que asfixiar?
¿Cuántas euros en publicidad equivale a un voto?
¿Por qué no dicen lo que han gastado en la campaña electoral?
En esas estaba...Y con tanta y tanta pregunta pregunta se me fue consumiendo el tiempo, y el estómago...Tanto, que cuando acabé de preguntarme estas y otras muchas más, topé con un libro que me amenizará algunas horas de los próximos días: La ciudad y los perros, de Vargas Llosa... De ahí el nombre del post. No piensen mal ¡Por Dios!
lunes, 16 de mayo de 2011
Esa otra feria
Este año me ha tocado no poder disfrutar de la feria del libro de Cádiz como buenamente me hubiera gustado. El compromiso que hace poco me hizo vincularme a la campaña electoral de ese memorable y pequeño partido llamado UPyD me ha impedido poder asistir a las charlas, mesas redondas y demás debates como solía hacer otros años, cuando en la programación de esta feria vislumbraba algún nombre digno de conocer o escuchar. Es así como he asistido a presentaciones de libros o charlas de Peces Barba, Pérez Reverte, Juan José Téllez, Fernando Savater… Siempre con algo que contar, y sobre todo, algo que compartir, dándote la mano para ayudarte a subir a esa magnífica travesía que se inicia después de pasar las primeras páginas de un libro.

El marco es incomparable, Baluarte de la Candelaria, en plena Alameda, símbolo del romanticismo en la ciudad, custodiado por la iglesia del Carmen, templo que tanto tiene que decir de la historia de la tacita, o quizás sea la historia la que tiene que dar cuentas a esta iglesia.
En las bóvedas de esta castillo, antiguo baluarte defensivo a la entrada de la bahía, se sitúan los puestos,( una bóveda, una librería), que tienen su sede en aquel rincón durante aquella semana. Y recorres los pasillos como si lo estuvieras haciendo sobre un navío legendario, pisando el parqué que tras cada pisada te devuelve un quejido, un lamento apagado por el paso de los años.
Y coges un libro, y en la contraportada lees esa pequeña novela que es el resumen, que sirve para ahorrarles a algunos la lectura del tocho que tienes en tu mano. El Asedio, dice la portada, recuerdas con una sonrisa las agradables tardes y noches de lectura, en la que por culpa del peso del libraco sacaste algún que otro centímetro de biceps. Cádiz 1811, dice el comienzo del resumen… Bombas, fanfarrones, gaditanas, tirabuzones… La historia de un Cádiz fascinante, o un Cádiz fascinante en la historia. Te imaginas inmerso en aquel Cádiz, con sus luces y sus sombras, y que el lugar que ahora aparece cubierto de libros apiñados esperando una mano amiga que los adopte, estuvo hace doscientos años transitado por soldados, artilleros que como podían defendían la plaza, atentos y ojo avizor a lo que acontecía en la bahía. Levantas la vista del libro, y ves por el ventanal Rota, a lo lejos, y en medio la bahía, charco que el infinito azul del cielo transforma en verde, y todavía parece que aquel hombre que mira de soslayo de un momento a otro te dirá “¡Ya estamos otra vez, zagal!¡Cierre ese maldito libro y vuelve a la formación, que Cádiz no se defiende sola!”.
Y te pasa lo mismo con los episodios nacionales "Trafalgar" y "Cádiz" de Galdós, con "la canción del Pirata" de Quiñones, con "De París a Cádiz" de Alejandro Dumas, con muchos otros libros que reservan páginas y rios de tinta a este rincón de España...
La magia del libro, la sensación de darse un garbeo por la historia, por el conocimiento, entre impresiones del invento más maravilloso de la historia de la humanidad, con permiso del Jamón Serrano. Una feria que, lejos de oler a moñiga de caballo y a pescadito frito, tiene ese olor característico de libro recién hecho, salido del horno, listos para darles el primer bocado.

El marco es incomparable, Baluarte de la Candelaria, en plena Alameda, símbolo del romanticismo en la ciudad, custodiado por la iglesia del Carmen, templo que tanto tiene que decir de la historia de la tacita, o quizás sea la historia la que tiene que dar cuentas a esta iglesia.
En las bóvedas de esta castillo, antiguo baluarte defensivo a la entrada de la bahía, se sitúan los puestos,( una bóveda, una librería), que tienen su sede en aquel rincón durante aquella semana. Y recorres los pasillos como si lo estuvieras haciendo sobre un navío legendario, pisando el parqué que tras cada pisada te devuelve un quejido, un lamento apagado por el paso de los años.
Y coges un libro, y en la contraportada lees esa pequeña novela que es el resumen, que sirve para ahorrarles a algunos la lectura del tocho que tienes en tu mano. El Asedio, dice la portada, recuerdas con una sonrisa las agradables tardes y noches de lectura, en la que por culpa del peso del libraco sacaste algún que otro centímetro de biceps. Cádiz 1811, dice el comienzo del resumen… Bombas, fanfarrones, gaditanas, tirabuzones… La historia de un Cádiz fascinante, o un Cádiz fascinante en la historia. Te imaginas inmerso en aquel Cádiz, con sus luces y sus sombras, y que el lugar que ahora aparece cubierto de libros apiñados esperando una mano amiga que los adopte, estuvo hace doscientos años transitado por soldados, artilleros que como podían defendían la plaza, atentos y ojo avizor a lo que acontecía en la bahía. Levantas la vista del libro, y ves por el ventanal Rota, a lo lejos, y en medio la bahía, charco que el infinito azul del cielo transforma en verde, y todavía parece que aquel hombre que mira de soslayo de un momento a otro te dirá “¡Ya estamos otra vez, zagal!¡Cierre ese maldito libro y vuelve a la formación, que Cádiz no se defiende sola!”.
Y te pasa lo mismo con los episodios nacionales "Trafalgar" y "Cádiz" de Galdós, con "la canción del Pirata" de Quiñones, con "De París a Cádiz" de Alejandro Dumas, con muchos otros libros que reservan páginas y rios de tinta a este rincón de España...
La magia del libro, la sensación de darse un garbeo por la historia, por el conocimiento, entre impresiones del invento más maravilloso de la historia de la humanidad, con permiso del Jamón Serrano. Una feria que, lejos de oler a moñiga de caballo y a pescadito frito, tiene ese olor característico de libro recién hecho, salido del horno, listos para darles el primer bocado.
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