sábado, 12 de febrero de 2011

Bibiana Aido a recoger la medalla




Hoy me he imaginado un panorama inigualable, sublime…
Hace doscientos años, cuando España se debatía entre seguir bajo el yugo francés o sacudirse de él y construir su propio futuro en Cádiz, un grupo de valientes soldados se deciden a poner las cosas un poco difíciles a esos rubios que vinieron allende los Pirineos.
En un cerro de Chiclana, minado de cuerpos inertes, mutilados y heridos por metralla se debate heroicamente, junto a un grupo de soldados fieles a la patria, la figura de Bibiana Aido. Vociferando, con la garganta en carne viva, proclama y anima a la carga en contra de los gabachos, que a tiro de mosquete esperan a esos locos bajitos que defienden la tierra como si fuese su propia casa, y en cierta forma lo era.
-¡Vamos soldados y soldadas, a por ellos! Pero de buen rollo ¿eh? Hay que echarlos de aquí, que esto es territorio de Pizarro y Cabañas, que dentro de 200 años montaremos una diputación en esta provincia.-Dijo Bibiana.-Lo dicho, de buen rollo, invitándoles a irse… Ya sabeis, alianza de civilizaciones y todo eso. Si la cosa sale bien todos los miembros y miembras del ejército nos podremos tomar unos churros con su chocolatito.
Y ahí está la columna, avanzando feroz a la carga contra los franceses, cargados con peluches de los osos amorosos, ramos de flores y demás parafernalia letal. Una columna hecha con la más absoluta paridad, con el cincuenta por ciento de hombres y mujeres y viceversa, con Rafa Mora desviándose a la derecha para llegar a tiempo a la Barrosa para lucir palmito.
Y me imaginé a la Regencia esperando noticias de la Batalla en Cádiz, con Jose Luis Rodríguez el Conde de los zapatos subido en uno de los miradores de la ciudad que permite ver la polvareda lavantada no muy lejos del Castillo de Sancti Petri, donde los soldados reclutados mediante leva forzosa desde las filas del Inem, defedían heroicamente su idea de España. Porque luchaban por su patria, una patria libre de corrupción, enchufismo, fanatismo. Una España próspera donde la “meritocracia” permitiera que aquel que trabajaba podía llegar lejos, donde los gobernantes fuesen ejemplo de transparencia y con su ejemplar gestión pudieran deslumbrar al mundo entero y hacer de este país un modelo político imitable por el mundo entero. Lo que no sabían es que se iban a comer un carajo.
Aido está ahí la pobre,luchando por la libertad, por la igualdad y la fraternidad (¿Eso no eran los franceses?) y los que la mandaron allí están en el palacio de la aduana, sede de la regencia (actual diputación, ¡Oh, casualidades de la vida!), seguramente concediendo nuevos cargos.

Y toda este despliege bélico-fantástico-igualitario me vino porque, leyendo un libro de historia de Cádiz, en la batalla de Chiclana topé con un general que se batió con los rubios transpirenaicos. El general Lapeña, que así se llamaba el militar, luchó con honor durante la jornada, pero una serie de desdichas produjo que su labor fuese cuestionada ante la población gaditana. Fue por este motivo que la Regencia, a la que constaba por diversos mandos del ejército que la actuación del general fue honrosa e intentado compensar a Lapeña por la mala imagen que tenía de éste la población, decidió condecorarlo con la cruz de la real orden de Carlos III. Y fue ahí cuando detuve mi lectura…”¡Un momentoooo!” “¿Es la misma condecoración que recientemente le han concedido a la señora Aido?”. Efectivamente, lo era.
Y es que, si nos vamos a la misión de esta real orden (y citando textualmente a nuestra amiga la Wikipedia):



La Real y Distinguida Orden Española de Carlos III fue establecida por el Rey de España Carlos III, mediante Real Cédula de 19 de septiembre de 1771 con el lema latino «Virtuti et merito», con la finalidad de condecorar a aquellas personas que se hubiesen destacado especialmente por sus buenas acciones en beneficio de España y la Corona. El Real Decreto de 1992 que regula la Orden fija como objetivo de las condecoraciones de la Orden «recompensar a los ciudadanos que con sus esfuerzos, iniciativas y trabajos hayan prestado servicios eminentes y extraordinarios a la Nación»
Así era en principio, pero con el tiempo la concesión de esta medalla quedo limitada a “quienes, habiendo cumplido servicios relevantes para España, fueran o hubieran sido Presidentes del Congreso de los Diputados, del Senado, del Tribunal Constitucional, del Consejo General del Poder Judicial, del Tribunal Supremo, Ministros u otras altas autoridades del Estado“.

Aquí os dejo fragmento del BOE de la condecoración.




Si miramos el historial de personajes que tienen esta cruz, podemos encontrar, mezclados entre gente de discutida lucidez, a personajes ilustres como Canalejas, Calvo-Sotelo, Espartero… Y bueno, ¿Para qué comentar a gente como Magdalena Álvarez, Narbona, Corbacho…? Todos ellos personajes sin las cuales no sé qué hubiese sido de este país. Estaríamos entre sombras sin esa aportación de Doña Magdalena de “Antes torcida que regalá”…O como se diga…
Si que ha decaído esta real orden… De ganártela luchando por tu patria en un campo de batalla, poniendo en peligro tu vida, a ganártela inventando palabras como miembra. Gran servicio eminente y extraordinario a la nación ese, sí señor...
Sssshhh, que no se entere el señor Lapeña, que como tenga la oportunidad, coge la medallita y se la introduce por la cavidad anal a más de uno.Si Carlos III levantara la cabeza...

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