Y es que, dejando a un lado la actualidad, y centrándonos en la historia reciente, hoy se cumplen 30 años del intento de golpe de Estado en el que unos pocos iluminados intentaron llevar otra vez a España al siglo XIX, donde los ruidos de sables y tacones derrocaba e imponía gobiernos.
La infame figura de Tejero, que nos recuerda a un Quijote del siglo XX; eso sí, un Quijote con menos lecturas en el cuerpo, más loco si cabe y con más mala leche. Quiso ver gigantes donde solo había democracia, y sin tener ni idea de lo que se cocía, se lió a espadazos con las botas de vino.
En estos días donde los golpes y los levantamientos están tan a la orden del día conviene reflexionar sobre aquella jornada. Los jóvenes de hoy quizás lo vemos como algo distante, de otro siglo, presente en los libros de historia y como tal, imposible que se repita. A decir verdad, dudo que actualmente se pueda repetir en España algo parecido a esto, en un país supuestamente civilizado como este donde todos los poderes están comprometidos con la democracia. Dicho esto, recuerdo recientemente un manifiesto del general José Mena Aguado mencionando el artículo 8 de la Constitución… En todo caso, si ponemos la tele y vemos un poco de intereconomía ,ya empezamos a dudar de la existencia de nostálgicos del tito Paco.
En los acontecimientos de la historia, es una pena que ésta se centre en los grandes detalles, dejando de lado las pequeñas cosas. Sería muy interesante disponer de cámaras y micrófonos durante todas las épocas, de esta manera se iba a acabar el Sálvame porque tendríamos videos para rato, para cubrir horas y horas de televisión. Aunque se podría hacer programas de cotilleos sobre personajes históricos, ahí el nombre sí tendría sentido:“sálvame, su majestad” refiriéndose a la democracia. O “¿Dónde estás Milan del Bosh?”.
Podríamos ver la escena en la casa de Tejero antes de ir al cuartel el 23F:
TEJERO: Cariño, me voy, dame un beso.
MUJER: Venga, un besito. Ainsh, otra vez te has llenado de migas el bigote.
TEJERO: Quizás llegue un poco tarde, mis colegas y yo vamos a dar un golpe de Estado.
MUJER: Vale, cariño, no tardes. Cuando termines de jugar a la PlayStation vente para acá.
TEJERO: Joe, que es de verdad, ¿No ves que me he puesto guapo para salir en la tele? Anda, dame veinte duros para el bocadillo, que enfrente del congreso hay una baguetería muy buena. Hacen bocatas de Chorizo, y tú sabes que a mí me gusta mucho el choriceo.
MUJER: Anda toma, guárdate bien el dinero no te lo vaya a mangar ningún político.
Y es que la tecnología es así, su inexistencia en la mayor parte de la historia humana ha hecho que nos perdamos muchos episodios de la historia. Una vez hablaré más detenidamente de esto, pero si Tejero hubiese tenido Facebook habría puesto en su estado:
Estoy tomando el congreso, parece más pequeño que en la tele.
Y abajo pondría: Al General Armada , a Milan del Bosh y a Juan García Carrés les gusta esto.
Y en los comentarios podríamos ver :
“Dioooo, der carajo. A x ellos, oeee.”
“Olee, Q wapo sale mi padr de pikoleto”.
Incluso en el Twitter de Bisbal se podría leer:
“Qué lástima que un señor con bigote haya ocupado el congreso, ojala se vaya pronto y los japoneses puedan seguir echando fotos”.
Volviendo a la seriedad, lo que sí debe quedar para la posteridad y como ejemplo de honor, compromiso y templanza, fue la actitud de tres personas que ese día en el congreso decidieron no agacharse, no arrodillarse ni entregar la democracia por las buenas. Estas figuras fueron Santiago Carrillo, Adolfo Suárez (el mejor presidente en la historia de España) y Gutiérrez Mellado, al que meses antes una multitud de personas cantaba :”¡Gutiérrez Mellado, estás acojonado!”, durante el entierro de un militar. Pues para ser una persona acojonada le eché arrestos a la cosa, y ni los disparos al techo ni las pseudo-llaves de Judo de Tejero pudieron sentarle. Tuvo que ser el propio Adolfo Suárez el que le convidara a hacerlo.
Al que esté o pase por Madrid, les recomiendo una visita al congreso de los diputados, donde van a poder ver en el hemiciclo los agujeros en el techo provocados por las balas durante aquella jornada. Los propios políticos decidieron dejar ese desperfecto como testimonio de ese día histórico en el que España, al menos la mayor parte, decidió seguir abrazando a la joven democracia. Que al ser joven, Sánchez Dragó abrazó con más ganas.
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