viernes, 10 de junio de 2011

San Martín y Cádiz



"Aquí en este histórico cuartel de Santa Elena vivió
y sirvió a España desde 1802 a 1811 el bizarro
capitán D.José de San Martín, Héroe de Bailén."


Bien pudiera decir esta placa también que este señor fue, junto a Simón Bolivar, uno de los principales artífices de la independencia de las repúblicas americanas...Pero no, solo pone Bailén, como si este héroe americano solo hubiese alcanzado gloria e inmortalidad en la primera batalla que perdió el ejercito imperial de Napoleón en tierra.
¿Y por qué hablo de esta placa ahora? Pues bien, la casualidad y las circunstancias quiso que me topase con ella una agradable mañana primaveral, hace justo una semana, vamos...Allí estaban esas letras, grabadas en mármol, recordando a aquel héroe que vivió algún tiempo entre las bóvedas de Santa Elena, justo en la parte más alta de la cuesta de las Calesas y enlazadas a las Puertas de Tierra. Allí iba, camino de la oficina para el fomento del empleo de nuestro querido ayuntamiento, que tiene el privilegio de ofrecer actualmente sus servicios al ciudadano en un lugar histórico, lejos de aquella época en la que estas dependencias militares vibraban de actividad en defensa de la ciudad.

José de San Martín...Algo leí, algo ví en la escuela...Pero lo cierto es que se trataba de un desconocido para mí, para la sociedad. En esta España donde todos conocemos a Belén Esteban o movemos el culo con Bisbal, resulta increible que alguien que ha contribuido a que no estemos actualmente cantando la Marsellesa sufra esa ingratitud colectiva, al igual que otros personajes enterrados en libros de historias, placas y monumentos a los que la gente ni siquiera dirige la mirada.

Hasta ahí todo normal, ni casualidades ni leches, me encontré con la placa y punto. La gracia es que, el aburrido indignado que les escribe, buscaba un entretenimiento para los largos días de verano. Y como la playstation está ocupado en la mayor parte por ese querido zagal que tengo como hermano y no abrir un periódico me ahorra verle la cara a algún que otro titiritero papanatas, decidí pasarme por la biblioteca a "pillarme" mi dosis de esa droga tan benigna. "Vamos a darle un poco a la lectura" pensé. Y buscando, escudriñando, qué títulos podría aspirar a leer, cuales serían un bodrio insufrible, cuáles una auténtica infamia literaria, o cuáles una absoluta maravilla, me pasé por la sección de historia.Y como yo soy un tío de cai cai , aunque por el acento no se me note, pensé "vamos a leer historia gaditana".
Así que elegí uno titulado "Más sobre la historia pequeña de Cádiz", segundo volumen de "La historia pequeña de Cádiz" de las que ya os hablaré, y un título que me llamó la atención por su nombre: "La logia de Cádiz" escrita por Jorge Fernánde Díaz. Como todo libro que me atrae por su título y aspecto (al autor no lo conocía) me leí la contraportada.



Entre otras cosas pude leer:

"José de San Martín, un oficial español en busca de la libertad, un estratega militar, es el protagonista de esta novela cuya acción se inicia con el levantamiento de 1808 contra los invasores franceses."

"¡Caspita, atiza, pardiez!". Exclamé al paso de una moza de buen ver. Al quedarme embobado no recordada lo que tenía entre mis manos. "Ah, sí". Ahí estaba la novela, me había topado por segunda vez en poco tiempo con ese tal San Martín. "Pues nada, vamos a echarlo". Y de allí me lo llevé, pasando en adopción a unas manos amigas que le dió cobijo durante algunos días. Aún lo tengo en mi casa.
Su vida es digna de ser conocida, sus logros dignos de admiración. Llevó su ideal a otros confines, y proclamó una nueva patria allende los mares, lejos de esta España putrefacta, que no ha dejado de oler a podrido durante gran parte de la historia. Y es que este señor se la veía venir."Antes de que este cabrón de Fernando VII vuelva, y acabe con la constitución y los derechos por los que hemos luchado, me voy a mi tierra". Y en 1811 cogió la puerta y se fué. Pasando por Londres, con solo una espada adquirida en la capital de la pérfida Albión y la medalla concedida en Bailén cruzó el océano destino al Puerto de Santa María del Buen Aire (Buenos Aires) donde comenzó una nueva vida para él y para América.

Desde aquí mi pequeño y humilde homenaje a este héroe, al que el luchar durante una etapa contra las armas españolas de Fernando VII no le desmerecen el portar ese aura de personaje ilustre, fiel reflejo de lucha por unos ideales. Y mi reflexión de por qué en Cádiz debemos estar orgullosos por haber contado con personajes tan ilustres como vecinos en distintos periodos de la historia, viendo y disfrutando lo que tenemos la suerte de ver cada día. Y a la vez lamentarnos, por qué nuestras autoridades no cuidan ese tesoro, por qué nuestros conciudadanos no lo conocen ni respetan a veces, por qué, por qué...
Cada vez que pasen por la avenida, y os topeis con su estatua ecuestre levantada en su honor, junto a la iglesia de San José, bien pudieran darle un saludo de mi parte.

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