sábado, 23 de julio de 2011

Pan y toros

Parece como si el mundo se parase hoy en Valencia, como si un espectáculo circense apareciera de pronto por las pintorescas calles de un pequeño pueblo y, como si de un Macondo real y del siglo XXI se tratase, sus habitantes recibieran con agrado y algarabía a esos elefantes descomunales venidos de tierras meridionales, a esos enanos que apenas alcanzan un palmo del suelo y a esos payasos que hacen regocijarse a pequeños y ancianos.
El acontecimiento sacude no solo a la prensa local, sino a la nacional. Se vierten ríos de tinta, y megabytes de información en la red, minutos en los telediario... Y es que la ocasión, según dicen, lo merece. Regresa José Tomás que, según dicen también, es el mejor torero que existe actualmente. Algo así como un Messi de la Tauromaquia, con la única diferencia de que el astro argentino no necesita destrozar a un animal cuando hace su trabajo, aunque ciertos animales no verían con malos ojos destrozarle las piernas alguna que otra jornada.




Es la vuelta del torero, y se ha armado un gran revuelo: Gente esperando dos días en la cola, los reventas frotándose manos y barriga al acecho de un desesperado taurino, apoderados y vendedores de pipas haciendo su Agosto... Un espectáculo, con todos sus cartelitos de "no hay billetes" puestos alrededor de la plaza, como si hubiese venido Justin Bieber y las hordas de quinceañeras hubieran invadido el recinto.

Dejando claro de antemano que no deseo el mal a nadie que ni me va ni me viene, no me termina de salir la vena compasiva cuando observo una cogida de un toro a uno de esos "profesionales" que se dedican a clavar banderillas y estocadas en el lomo de un animal. No sé por qué, siento más pena por el animal, nadie le ha invitado a estar ahí, ni siquiera él ha elegido esa muerte, aunque los defensores de la mal llamada fiesta nacional defiendan que es una muerte digna para el animal porque así muere luchando. Tócate un cuerno...A partir de ahora, siguiendo esta tesis de los lumbreras del, mal llamado también, arte taurino, podemos poner a enfermos terminales y a personas que quieren una muerte digna en medio de una plaza, para que un hombre vestido de luces (las únicas luces que posee) les vaya despachando a base de estocadas y capotazos, con una plaza abarrotada vitoreando al susodicho...¡Olé, olé! Golpes de pecho, un par de capotazos más, un "le dedico esta corría a la alcaldesa...toma guapa...". Bragas lluviendo del cielo con algún que otro recuerdo inpregnado y ¡Zas!. ¿Qué muerte más digna que esa?, ¿No? Al fin y al cabo el ser humano no deja de ser un animal.

Otro defensores de esta fiestas defienden que sin ella los toros bravos hubieran desaparecido. Que tiernos...¡Que no panda el cúnico ecologistas del mundo!, podeis estar tranquilos, llegan los amigos de los animales. A partir de ahora también, todas las especies en peligro de extinción podrán salvarse. Pronto veremos en los ruedos al lince ibérico, al oso pirenaico, al cangrejo caletero y a los hombres de pelo en pecho. La verdad es que es un alivio comprobar cómo este colectivo apoya el salvar la especie de un animal, aunque lo hagan desde el sol o la sombra y con un puro en la boca.

Como estas, existen muchas más falacias y defensas demagógicas a esta macabra tradición defendiendo estas como un arte, como una cultura, una tradición, el toro no sufre...


Como dije, después de quince meses vuelve. Los toros ya han manifestado que no había prisa, que podría quedarse en su casa recuperándose unos meses más y los toros del coche Red Bull de Sebastian Vettel amenazan con ir a la huelga.
Para los que se pierdan la vuelta de José Tomás siempre pueden llevarse a las venas esa dosis de tauromaquia semanal que nos dará Canal Sur con su "Hace falta Valor", un reality show donde enseñan a algunos famosos a torear a vaquillas. Lo que nos faltaba por ver...

Y es que el debate que rodea a esta fiesta viene de muy lejos. En las sesiones de las cortes de Cádiz ya estuvo debatiendose la adecuación o no de suprimirlas o de buscar la fórmula para que el animal no sufriera. Como ven, hubo hombres de hace doscientos años con una amplitud de miras y un progesismo muy por encima de muchos hombres actuales.




Para despedir el post, os dejo un soneto aparecido en el diario "El duende de los cafés", periódico famoso hace doscientos años, cuando la política se hacía en los cafés y sus tertulias, y no en restaurantes de postín.


Es diversión salvaje amigo mío;
es bárbaro y brutal en alto grado,
es monstruoso en buen significado
y decir lo contrario es desvarío.

Es una diversión de fatal brío
que infinitas desgracias ha causado
por tanto viene a ser su resultado
igual al que produce un desafío.

Desorden, impureza, vil lenguaje
muchas muertesm desgracias y quebrantos,
insubordinación, libertinaje.

Insolencias, inujurias y otros tantos
pesares, que acarrean tristes lloros,
esta es, amigo, la función de toros.

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