Hace bastante tiempo que no escribo en este blog. Casi se me olvidaba cómo acceder a él, y es que distintas circunstancias de todo tipo me han obligado a dejar un poco de lado este auténtico analgésico que me supone el desahogo de poner parte de mi vida y mi tiempo en este quehacer, a veces diario y otras ocasional, que algunos puede encontrar interesante y a muchos otros puede,simplemte, importarles un carajo.
Se me han ido acumulando las ideas en una argamasa de temas hasta el punto de que llego a no saber sobre qué escribir...Si expresar algún sentimiento que con mayor fuerza ha cobrado estos últimos días, si darle un poco de cancha a mi pasión cinéfila o literaria o seguir con la política, dentro, claro esta, de mis muchas limitaciones y mi palpable ignorancia en muchos asuntos.
Y mientras vuelvo a establecer el contacto con el mundo blogero aquí dejo esta reflexión que escribí, allá por Diciembre de 2010, durante mi estancia en Londres. Se titula "La Soledad":
Ahora que se han ido yendo poco a poco las personas que he conocido aquí no te queda más remedio que pasar más tiempo en soledad que antes. Dicen que la soledad es el mayor enemigo del hombre, que nadie la quiere y todo el mundo huye de ella.
Está claro que quienes así lo cree hablan de la soledad como algo permanente, un laberinto perpetuo.
Pero quizás la soledad sea ese momento de paz que todos buscamos en algunas ocasiones, ese pacto entre nosotros y la vida durante el que todo adquiere su orden, el dolor deja de existir o se multiplica hasta límites inimaginados. Ese momento solemne en el que presente, pasado y futuro juegan al twister y se confunden en una masa deforme, y no te queda otra que amoldarla con unas pequeñas dosis de locura, valentía, experiencia, cariño y templanza.
Es ese momento del día en el que sabes que hacer, todo para tí está escrito,no existen las dudas, lo que quieres hacer y lo que vas a hacer parece que se pintan en un mismo cuadro bajo un mismo pincel de un mismo maestro.Hay tregua entre tus sentimientos y tus actos, nada tiembla, las piernas se relajan, el corazón sigue su ritmo normal,la sangre circula sin agolparse en tus extremidades, y la gargante es libre para poder hablar.
Pero cuando termina esa paz, esa tregua, ese estado de letargo, y te enfrentas a la realidad, a lo que más añoras, o temes, o quieres o rechazas...todo en tí cambia, lo que antes estaba en calma ahora es un remolino violento que te golpea el pecho, lo que antes no se movía ahora tiembla en infinitos terremotos. Y el alma se te llena de dudas, y vienen los fantasmas con sus candelabros, y espíritus que te nublan la vista con sus maléficos presagios. Te paralizan los nervios, te cortan el habla, y si pudieran te arrancarían el corazón, el cerebro, las vísceras... para que nada en tí piense ni sienta durante ese momento.
Ahí nada importa, ni el carpe diem, ni la infinita literatura leida, ni consejos, ni consecuencias... Ni siquiera el mundo de fuera, no hay coches, ni gente, ni árboles curiosos, ni edificios que simulan aplastarte. Todo se reduce a un "¿Qué hago?", un "quizás refugiándome en mi soledad sepa qué hacer",pero cuando vuelves a ella, a la soledad, te das cuenta que quieres volver a ese momento en el que la tregua se para, en el que la paz deja de existir en tu cuerpo, en la que vienen los fantasmas de las dudas...Porque te das cuenta que solo de esa manera eres feliz...
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