jueves, 31 de marzo de 2011

Hay que seguir peleando



Hace tiempo que escuché estas palabras del maestro Pérez-Reverte, y desde entonces siempre las guardo con cariño en la mesita de noche de mi subconsciente.
Mucho que comentar en ellas, demasiado que decir ,escudriñar y a tener en cuenta en los tiempos que corren, en el que a veces te ves cabalgando solo por un oeste feroz y difícil, con la única compañía de ese caballo fiel que con su galopada truena en el árido suelo de la vida. Y cuando hablo de caballo no me refiero a ningún tipo de sustancia estupefaciente, hablo del caballo como amigo, familiar, del amor, o de pequeñas cosas que te hacen feliz y te aislan del mundo, un libro por ejemplo.

Ni que decir tiene que gracias a sus libros, artículos e intervenciones uno puede tener la certeza de que no cabalga solo y conserva esa esperanza de que queda gente lúcida en este país, capaz de transmitir una ideales tan denostados actualmente como los que comenta.

Por supuesto que hay que seguir peleando, y además hasta que las fuerzas se vean menguadas, y más allá. Hay que resistir desde tu casilla de ajedrez, como él comenta en uno de sus artículos, y viéndolas venir liarse a sablazos con la avaricia, la corrupción, la estupidez, la ineptitud y todo lo que huela a podrido en esta sociedad cada vez más apática, conformista e intransigente.

Hace unos días comenté en mi caralibro (Feisbu) que se acabó, que me bajo del carro del conformismo, que hagan los demás lo que les plazca pero no iba a permitir ni contribuir con mi silencio a que los mismos de siempre se sigan riendo de los de siempre. Así que, como músico del Titanic, agarré mi violín y comencé a tocar junto a otros ciudadanos una melodía que si no puede evitar que esto se hunda al menos hará más llevadera y soportable la espera… y con el orgullo y la dignidad del que no debe nada a nadie, dormiré en su día en esa isla con los restos del naufragio que comenta Arturo, con la tranquilidad del deber cívico cumplido, la dignidad de estar seguro de que luché y disfrutando de un mojito, debajo de una palmera.

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