
El marco es incomparable, Baluarte de la Candelaria, en plena Alameda, símbolo del romanticismo en la ciudad, custodiado por la iglesia del Carmen, templo que tanto tiene que decir de la historia de la tacita, o quizás sea la historia la que tiene que dar cuentas a esta iglesia.
En las bóvedas de esta castillo, antiguo baluarte defensivo a la entrada de la bahía, se sitúan los puestos,( una bóveda, una librería), que tienen su sede en aquel rincón durante aquella semana. Y recorres los pasillos como si lo estuvieras haciendo sobre un navío legendario, pisando el parqué que tras cada pisada te devuelve un quejido, un lamento apagado por el paso de los años.
Y coges un libro, y en la contraportada lees esa pequeña novela que es el resumen, que sirve para ahorrarles a algunos la lectura del tocho que tienes en tu mano. El Asedio, dice la portada, recuerdas con una sonrisa las agradables tardes y noches de lectura, en la que por culpa del peso del libraco sacaste algún que otro centímetro de biceps. Cádiz 1811, dice el comienzo del resumen… Bombas, fanfarrones, gaditanas, tirabuzones… La historia de un Cádiz fascinante, o un Cádiz fascinante en la historia. Te imaginas inmerso en aquel Cádiz, con sus luces y sus sombras, y que el lugar que ahora aparece cubierto de libros apiñados esperando una mano amiga que los adopte, estuvo hace doscientos años transitado por soldados, artilleros que como podían defendían la plaza, atentos y ojo avizor a lo que acontecía en la bahía. Levantas la vista del libro, y ves por el ventanal Rota, a lo lejos, y en medio la bahía, charco que el infinito azul del cielo transforma en verde, y todavía parece que aquel hombre que mira de soslayo de un momento a otro te dirá “¡Ya estamos otra vez, zagal!¡Cierre ese maldito libro y vuelve a la formación, que Cádiz no se defiende sola!”.
Y te pasa lo mismo con los episodios nacionales "Trafalgar" y "Cádiz" de Galdós, con "la canción del Pirata" de Quiñones, con "De París a Cádiz" de Alejandro Dumas, con muchos otros libros que reservan páginas y rios de tinta a este rincón de España...
La magia del libro, la sensación de darse un garbeo por la historia, por el conocimiento, entre impresiones del invento más maravilloso de la historia de la humanidad, con permiso del Jamón Serrano. Una feria que, lejos de oler a moñiga de caballo y a pescadito frito, tiene ese olor característico de libro recién hecho, salido del horno, listos para darles el primer bocado.
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