Comenzó un apacible día de primavera, aquejado de ciertas molestias estomacales...Algunas noches escalaba por mi esófago una sustancia más ácida que Risto Mejide disfrazado de limón. Antes de que Rajoy metiera la tijera y me impidiese disfrutar de cobertura sanitaria (¿Por qué siempre acabo hablando de Rajoy?), fui al médico y, tras hacerme una ecografía (aún no sé si es niño o niña), me dijo que había que hacer una "pequeña" prueba "indolora" para determinar qué tenía.
Indolora...¡Sus muertos! Con cariño y respeto...
"Te vamos a hacer una endoscopia...Pero vamos, eso no duele, te ponemos un spray y no sientes nada".
Me las veía felices y tranquilo, yendo a Jerez a hacer la llamada panendoscopia, bonito nombre para el recuerdo... Citado a las tres de la tarde de un Martes jerezano pasé a la sala de tortura con su infernal maquinaria. "Túmbate". Obedecí y de un armario sacó una serpiente electrónica que si la hubiera visto por las canteras hubiese pasado desapercibida.
En esas estaba cuando pronunció la frase mágica de todo médico que se precie, recogida en el juramento hipocrático y señal inequívoca de que lo que te va a hacer no es nada agradable: "Tú eres valiente...¿Verdad?".
-Mire usted,- le dije- yo soy valiente para hacer puenting, parapente o para ver un partido del Cádiz. Pero viendo que ese tubo va a entrar por mi boca y va a estar hurgando (que es gerundio) por aquí dentro...Proceda.
El resto os lo imagináis, ese tubo entrando por la garganta, yo consciente en todo momento, el médico diciéndome que hiciera como si tragara, las arcadas atormentándome pero ahí estaba el tío aguantando el chaparrón.
¿Cómo soy por dentro? Pues más mono que por fuera, con mis mucosidades, mis paredes estomacales bien puestas, con una figura interior moldeada... "¿No quieres verte por dentro? El de la pantalla eres tú ¿Eh?". Me hubiera gustado haberle dicho: "Perdona que no ponga el mismo entusiasmo que cuando vi el video de mi comunión", pero un metro de goma me impedía hablar.
| Dibujo de mi cuerpo (aunque me han sacado menos musculado). |
En el momento en el que uno se despierta lo hace atontado, preguntando cuándo van a empezar, y cuando la enfermera te dice que todo ha terminado no te queda otra que exclamar "¡Sí hombre, estás de coña!...". La cosa sorprende más cuando te dice el médico que, aparte de explorar la cueva, han tomado una muestra de las paredes del estómago. Vamos, que se han llevado un cachito. Espero que cuando terminen de analizarlo me dejen llevármelo de recuerdo. Porque, ese es otro asunto del que un día quiero hablar, no entiendo el por qué de las extrañas reliquias que guarda la gente en su casa. Yo crecí viendo cada día (me iba el masoquismo), las piedras del riñón de mi abuela en un bote de tomate de cristal. Lo tenía en un cajón, y como cosa más extraña no había visto en mi corta vida, me daba por escudriñarlo con incesante curiosidad cada día cuando volvía del cole, preguntándome qué cojones era eso y por qué se llevó tanto tiempo dentro de mi abuelita. Afortunadamente, mi curiosidad no llegó al punto de querer abrir el tarro y mi pulso aguantó para evitar que pudiera caer al suelo con las piedras acabando en el estómago del perro, que todo se lo comía...
En fin, tras bromear un poco con el equipo médico (grandes profesionales), y palparme los riñones por si me faltaba alguno, me despedí hasta la próxima, que espero que no sea en mucho tiempo.
| El bicharraco que me metieron. |
No hay comentarios:
Publicar un comentario