viernes, 25 de noviembre de 2011

La Esperanza

El ser humano sin esperanza se muere. Esa esperanza es un estado que te mantiene vivo y coleando, te permite permanecer firme ante las embestidas de la existencias y hace creer que lo que está por llegar puede ser mejor.
El hombre sin esperanza se muere... Se marchita en su anhelo y en su nostalgia, convierte la melancolía en una recuerdo deleznable y vive cada día como una simple sucesión de minutos y segundo.
La no esperanza o la ausencia de esta, es más malvada que la soledad, más tirana que el desamor y más cruel que el hambre. Cuando la esperanza muere, mueren los días venideros, mueren las risas, los lloros, y el fracaso se confunde con el éxito nublando la vista como si de una suave niebla se tratara.



Si de verdad existiera Dios, cometió una calamidad al privar de esperanza a tanto ser humano. Ha quitado el pan a parte de la humanidad, les ha dado guerra, miseria, pero su mayor crueldad fue no dotarles de esperanza...

Necesitamos algo a lo que agarrarnos, una balsa, un tablazón, algo para mantenerte con los pies chapoteando... Todo llega. Es cuestión de vivir y buscar cualquier resquicio, hacerse fuerte en la trinchera, buscar un abrigo para el frío, algo de leña y mantenerte expectante ante cualquier sonido, cualquier luz que te permita luchar hasta el último cartucho.

A veces cuesta, pero está más cerca de lo que creemos. La esperanza se esconde tras la frescura de un beso, la fuerza de un abrazo, la complicidad de una mirada, el saludo de una mascota fiel...En las cosas más insignificantes a primera vista, pero que convierten una mañana, un tarde, una noche...en un espacio temporal digno de ser vivido.

Para valorar la esperanza hay que verse privado de ella. Generaciones en este país han visto truncados sus sueños primero, han sido desposeidos de la esperanza por un futuro digno...Nos ha tocado, a la generación perdida, mostrarnos ante el mundo desposeidos de esa capa de inmortalidad, de nosotros depende salir a la luz y demostrar que es posible reconstruir la esperanza, como un país en ruinas.
Nos han desposeido de ella, pero ¡Ay de quien ose apropiársela!.

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