Y es que no quería perderme esa famosa escena con la que Arturo nos puso la miel en los labios, aquella en la que Grace Kelly le planta un beso a Cary Grant en el hotel Carlton. ¿La película? Atrapa a un ladrón de Alfred Hitchcock.

"Me apunto un tanto con el rey de Redonda -escribe Pérez-Reverte- porque él no recuerda la secuencia del pasillo del hotel en Atrapa a un ladrón, cuando Doña Grace se vuelve y besa a Cary Grant ante la puerta, de un modo que haría a cualquier varón normalmente constituido dar la vida por ser el señor Grant."
Cary Grant la acompaña a su habitación de dicho hotel, se despide y casi sin decir palabra Grace se vuelve y le planta un beso en los morros a ese pájaro. Un beso sencillo. Tú mismo te imaginas como te mira con esos ojos azules profundos, como se van acercando y se cierran mientras un poco más abajo unos labios sellan los tuyos. ¡zas!.
¡Y vaya sí hubiera dado la vida en aquel momento por meterme en la piel de Cary!..., esta vida y parte de la siguiente. Y si me apuras mi trabajo...¡Ah no! Que de eso no tengo...
Y es que uno, harto de patearse algunas discotecas durante el fin de semana y ver a las mismas mojigatas creyéndose las putas reinas del cotarro, agradece ver, aunque sea de vez en cuando y en una pantalla, a mujeres de verdad, de las que provocan suspiros de España. No es solo el físico, que también cuenta (¿Para qué engañarnos?), pero Grace tiene esa sencillez, esa belleza innata y ese pisar fuerte que más quisieran muchas aprendices de carne de pasarela, cuyos tacones de infarto, vestidos ceñidos y minísculos, y maquillaje "payasil" no les ponen a las susodichas ni a la altura de un palmo del suelo a esas diosas del celuloide.
No le he preguntado a ninguna mujer sobre Cary Grant o Humprey Bogart o algunos de estos, no sé qué me dirán. Pero algunas habrá que me digan que prefieren a cierto vampiro, a cierto chaval que se hundió con un barco o a cualquiera que sale en televisión cuando se lo permiten los ratos libres después del gimnasio.
Aún así es curioso como el ideal actual del hombre o la mujer que aparece en cine o la televisión, son tordas o pavos con el pecho al aire, luciendo palmito, sonrisa profident pro anticaries y músculos o curvas que ni la carretera de Ubrique. Y es curioso también como se llegan a colgar fotos de esos tipos en redes sociales para que hordas de féminas insaciables comenten lo musculado que está el lobo de turno o qué le harían al tatuaje que tienen a un palmo de la chorra. Si no me creen, desen una vuelta por los perfiles de algunos/as (más algunas que algunos) y comprueben. Quizás sea mi lista de amigos en tuenti, que tiene la desventaja de abundar en él veinteañera que todavía no han salido de los quince.
Será que uno ya no es un chaval, pero al igual que reconozco que se me va la vista cuando veo a algunas de esas aprendices de mujer en una pista, también me lamento y me entristezco si pienso en qué hay más allá. Si serían ellas capaces de aguantar una conversación sin hablar de sus tacones o de la botellona de ese fin de semana, o si podrá mirarme a los ojos sin mirar de soslayo a ese espejo que tiene al lado para ver si siguen en su sitio las jodidas pestañas. En definitiva, si puedes disfrutar con alguien más allá de un polvo. La cosa está jodida, lo sé, para ambos sexos. Pero bueno, hablo de la parte que me toca.
Grace Kelly no deja de ser una actriz, idealizada en el cine, con su papel y su todo. En el mundo real, eso sí, hay mujeres que merecen la pena, muchas más de las que creo. Una lástima que lo que más se ve, lo que más llame la atención, sea lo contrario.
Mientras sigo lamentándome del dantesco espectáculo que ofrece la vida nocturna, siempre nos quedan los clásicos. Siempre nos queda el beso de Grace esperándonos detrás de alguna puerta. Yo, desde luego, la sigo buscando.
En cuanto a la película, sencillamente brillante. Lejos de las mariconadas que se hacen ahora, la historia de amor queda en un, podemos decir, segundo plano, ocupando un lugar predominante el suspense al que nos tiene acostumbrados Alfred. Con un reparto envidiable, ambos ganadores de Oscars, sus actuaciones no dejan indiferente. Ya saben qué pienso sobre Grace... Cary Grant encarna a un tipo duro, un lobo solitario (como dicen en la película) hecho de guerra, soledad y dificultades; y que lucha contra todo por probar su inocencia. Grace encarna a esa mujer fatal, acostumbrada a tener a ejércitos de hombres comiendo de su mano, y a la que el destino le ha topado con un supuesto ladrón de joyas cuya perfil le atrae. Es la típica atracción hacia al chico malo de instituto, solo que le pilla un poco más maduros a los dos.
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