domingo, 28 de agosto de 2011

Rincones de Cádiz: Castillo de Puntales


Todos los días, desde los grandes e imponentes ventanales que rodean el gimnasio donde me suelo castigar el cuerpo, la vista de la bahía ofrece un panorama digno de admirar. Se encuentra en el club náutico, en plena bahía de Cádiz, en un lugar castigado por el Levante (cuando este sopla) y por la fría brisa de invierno, que hace que ir en bici sea un deporte de riesgo, cuando el riesgo lo corre tu garganta. La vista es la propia de un restaurante marinero (hay uno justo debajo del gimnasio): El puente que se erige orgulloso sobre la bahía, contemplando a su hermano en contrucción, los astilleros de Puerto Real y de Cádiz en horas bajas,las traviesas aguas de las que grupos de pescadores sacan pececitos con los que se hacen fotos que posteriormente colgarán en el facebook, la zona Franca de Cádiz (otra de las tantas cosas que la labor o no labor de la administración ha ido llevándolo al garete). Y, sobre todo, el fascinante espectáculo del atardecer en la bahía, el ocaso de un día más que pasa sin pena ni gloria por la tacita, trayendo efluvios de plata sobre las aguas, dejando caer desde el cielo rayos dorados que adormecen los barquitos del club náutico. Un sol que se despide poco a poco con un último beso cálido dejando su aroma y sabor entre los edificios de extramuros,pasando luego a despedirse de su verdadero amor, el caso histórico, su Caleta...




Los que me conocen saben que me gusta recrearme en cada situación y en cada escenario, ya saben, "¿Qué pasó aquí?", "¿Por qué?","¿Cuándo?","¿A qué huelen las nubes?"... El escenario que recreo desde las vistas con las que puedo gozar entre series y series de ejercicio no iba a ser menos. Justo enfrente, enfilando proa hacia el casco antiguo de la ciudad, algo así como nor-noroeste, aparece, imponente, el castillo de San Lorenzo del Puntal, más comunmente conocido como Castillo de Puntales. Orgullo del barrio y de la ciudad, este pequeño baluarte, que pasa desapercibido a las miradas que escudriñan la ciudad desde el puente sobre la bahía, lleva diciendo "hola, soy un castillo, aquí estoy" desde mucho antes de que una señora teñida llamada Teofila Martínez viniese de Santander.

Así que ya tenemos un dato, aunque nos cueste creer, por la cantidad de propaganda y publicidad demagógica con la que nos han bombardeado durante años, el castillo de Puntales no lo contruyó Teófila. Fue Felipe II en 1598 quien ordenó dotar a Cádiz de un mejor sistema defensivo que la protegiera de ataques piratas. La gota que colmó el vaso fue el saqueo anglo-holandés con 15000 hombres (piratillas) al mando del conde de Essex, que vino atraido por el olor a pescaito frito y dijo "muero en cai y con sus tortillita de camarones...". Tras comprarse un lote de cintas de carnaval en el Melli y tener un romance con la Uchi (incluso metiéndose mano en la última fila del cine Imperial), el conde de Essex, junto con los piratas anglo-holandeses, se fueron por donde vinieron no sin antes haber hecho un poco de rapiña por la ciudad, "ya que estamos"...

Así se volvió a construir, entre otros, el castillo de Puntales, mejorando la defensa que hasta entonces había en la zona destruida por el saqueo. Puedo imaginar a los constructores del castillo echando bilis sobre el inglés "malditos cabrones, se van a enterar como osen tomar esta fortaleza ¡Cai!". Aunque el principal motivo por el que se construyó fuera evitar saqueos piratas, el castillo tuvo un papel muy importante en el asedio que mantuvieron los franceses sobre la ciudad. Así lo mantienen los vecinos del barrio de Puntales, reclamando un papel más preponderante del barrio en la celebración del bicentenario de la Constitución de Cádiz. Es por ello que estos días, y ya es el segundo año, se esté celebrando en el barrio la feria de los cañonazos.




Los franceses que intentaron tomar la ciudad establecieron su campamento en el Trocadero (¿Os recuerda este nombre a cierta plaza de París?), más o menos justo enfrente de Puntales, en el término municipal de Puerto Real. Entre ellos, las aguas de la Bahía de Cádiz, que seguro que aún guarda secretos, balas, cañones e.t.c. del intenso bombardeo que se intercambiaban mutuamente entre ambas orillas. Y te imaginas, cuando contemplas desde esos ventanales en primera linea de batallas, a los dos bandos saludándose a su manera, con el intenso cañonazos, andanadas de hierro "¡PUUMMM! ¡PUUMMM!". Y el humo que escapa de la boca de los cañones cubriendo las aguas, formando una espesa cortina de niebla, intuyendo, dentro de ella, donde se encuentra las piezas de artillería, con el destello que emite la explosión de la pólvora. Y al otro lado de la ciudad, más allá de las Puertas de Tierra a las gaditanas haciéndose tirabuzones con las bombas que tiran los fanfarrones, como así cantaba Lola la Piconera.En este video pueden ver cómo:



Entre las anécdotas que nos ha dejado la historia hay muchas de admirar, de héroes anónimos, gente que simplemente buscando la satisfacción del deber cumplido, dejaron una impronta indeleble de valentía y rectitud. Tal es el caso del albañil Juan Romero, que encomendándosele la reparación de algunos desperfectos del fuerte no interrumpió la labor ni en los momentos de mayor peligro, cuando una bala de cañón podría haberle mandado perfectamente al otro barrio, y no hablo del barrio de Loreto precisamente, que por aquella época ni existía.
Otra anécdota que podemos leer el "El Cádiz de las cortes" y con el permiso de Ramón Solís es la siguiente:
"Un oficial solía recorrer a plena carrera los parapetos, bajo los fuegos enemigos, por mera diversión. Una granada secciona su cabeza, que cae al suelo, mientras el cuerpo corre impulsado por la inercia unos breves pero impresionantes segundos, que horripilan a la guarnición".
A vistas de algunos el acto de este oficial puede parecer el acto de un hombre valiente, pero a la vista de la mayoría, sobre todo a vista de sus compañeros, este tío era, como comúnmente se dice por estos lares, carajote.

Castillo de Puntales, otro lugar para la historia de Cádiz,digna de ser conocida y a la que a veces el pasotismo del gaditano mantiene enterrada en el olvido.Quizás sea verdad eso de que "Son de piedra y no se notan las murallitas de Cai...". Desde aquí mi particular homenaje a ese gran olvidado del bicentenario.

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