No puedo evitarlo, llevo unos días, bastantes más de los que me gustaría, pensando en lo mismo. No solo cuando me acuesto y cuando me levanto, sino durante todo el día. Especialmente en la cama, cuando despido y saludo un nuevo día. Lejos de "avemarias", de vasos de leche, y promesas al aire de "me voy a comer el mundo", raro es la mañana que no me levanto soltando un "me cago en su puta madre", quedándome tan fresco. No es más que un pequeño desahogo mañanero que, aun sabiendo que nadie escucha, al menos sirve para despejarme.
Y esas cagadas a ciertas progenitoras van a persona a las que ni siquiera conozco. Es más, espero no conocerlas nunca, por el bien de mi salud mental. No soy una persona violenta, créanme, pero ya a uno le empiezan a tocar las bolsas testiculares de una manera que traspasa lo tolerable.
No dejo de pensar, pues, en los causantes de los problemas de este país que, por cierto, son muchos. Dejo a un lado a ciertos políticos, ciertos sindicatos, ciertos empresarios, sociedad en general (que también tienen lo suyo)... y me centro últimamente en esos crápulas que provocan que nuestra querida prima de riesgo, nuestro Ibex 35, nuestros intereses, precios e.t.c. se estén volviendo locos. Son los especuladores, ávaros sedientos de dinero que hunden en la miseria todo lo que se mueva por tal de llevárselo calentito.
Y es que todas las mañanas me levanto pensando que yo, al igual que otros cinco millones de españoles, no tenemos donde ir ni dónde trabajar, en parte por culpa de esos gurús de la economía mundial que hacen que no levantemos cabeza. Y cada noche me acuesto pensando que "vaya tela, un día más así", sin saber cuántos más vendrán después de este, y del siguiente y del siguiente...Sintiéndome como el protagonista de la novela de García Márquez, "el coronel no tiene quien les escriba", que cada día espera la llegada de esa carta del ministerio con su paga por un retiro justo; carta que no llega... Aquí pasa igual, cada día nos levantamos con una ciertas esperanzas, cada vez más menguadas, de que el teléfono por fin suene con buenas noticias. Pero al final del día: nada... Y otra vez a cagarte en los muertos de quien nos ha llevado a esto.
Mientras piensas en eso, los culpables de la crisis se van a su confortable cama a dormir la mona, más chulos que un ocho, después de haber hecho cuentas sobre la mesa de cualquier restaurantes de "nosécuántos" tenedores. Pensando en qué harán el día siguiente, a qué divisa atacarán, a qué mercado, qué bonos venderan o qué calificación pondrían a tal o cual país. Y oíganme, les importan tres carajos que tú, tu familia o el que ves pasar por la calle ahora lo esté pasando de mil demonios...Les importa cuatro carajos el hambre y la miseria, las sostenibilidad del planeta...Algunos se pasan el día frente al ordenador, otros debajo de una sombrilla mientras sus asesores le hacen el trabajo sucio y los más se rien frente al televisor de la gracia que hacen día sí y día también.
Y hasta aquí mi desahogo. Sé que a veces me revoluciono en esto de escribir pero es lo que tiene cuando lo que escribes te sale de las vísceras. Mientras tanto discúlpenme (los que lleguen a leer esto)los insultos que dirijo a ciertos colectivos, que por otra parte no tienen ningún motivo para gozar de nuestra simpatía. Así es que me gustaría despedir este post acordánme, una vez más y van cientos de miles, de esa gentuza, auténticos cánceres para la sociedad de cualquier país: Malditos hijos de la gran puta...
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